Una nueva visión

el . Publicado en Blog Africa Digna

 

Mientras escucho a Noomunken me doy cuenta de que lo importante no es solo lo que me explica, sino todos los pequeños detalles de nuestro encuentro en la sala de mujeres junto al quirófano de oftalmología del Hospital General de la Provincia situado en Nyeri.

África Digna con el apoyo de Áreas y conjuntamente con la Fundación Barraquer organiza este año la Tercera Expedición Oftalmológica para devolver la visión a personas sin recursos, transmitir conocimientos y tecnología.

 48 personas han viajado desde Barsaloi, Ludongokwe y Tuum. Para Noomunken ha sido el viaje más largo de su vida, el hospital más grande y la única cama con colchón en la que ha estado.

Como tiene un ojo protegido con las vendas tras la operación y con el otro no me ve porque ha perdido la vista, nuestras manos están en contacto como para cerciorarnos de nuestra presencia. La Hermana Rosario ejerce de traductora improvisada del español al samburu, y cada pregunta se convierte en un diálogo lleno de información complementaria. Su mano está muy fría por la falta de calorías, sus dedos huesudos hablan del tiempo vivido en una zona desértica, su voz nos lleva a sus siete hijos vivos y a un número de muertos que no recuerda (o prefiere no recordar para no sufrir) y resume en un muchos.

Pocos dientes la acompañan pero su sonrisa está llena. Nunca fue a la escuela a aprender a leer o escribir. Le pregunto por el sentido de la vida pero contesta sin dudar que no conoce la respuesta. Le pido un consejo para sus 7 nietos y tras unos segundos les recomienda estudiar mucho para ser más libres. Aprovecho para pedirle un consejo para mi hijo, me dice que sería el mismo, estudiar y aprender.

Viste con sus ropas tradicionales, su olor es intenso. Pese a no tener ningún parecido me lleva en el tiempo junto a mi abuela. La hermana me traduce una respuesta que no he pedido, unas gracias, unas bendiciones y un “eres un samburu”. Mi sonrisa esconde emociones que intento controlar, ¿quién da a quién?

A la mañana siguiente, como está previsto, le quitan el vendaje y llega el milagro. Primero puede ver el color de las sábanas,  después cuenta dedos, y poco a poco va adaptándose a su nueva visión. Una lágrima dibuja senderos en su rostro, se hace el silencio… verá a sus nietos, como me dice ella “volverá a ser una persona, podrá trabajar cortando leña y haciendo carbón”. Tiene unos 70 años y parece que ha vuelto a nacer.

En un instante resuenan las canciones en la sala. Ella se anima y baila. Anima a bailar a los integrantes de la expedición. Por las ventanas se asoman curiosos los trabajadores del hospital, para ellos un samburu es algo tan llamativo como lo sería un tomate en medio de limones.

 

Estamos aquí gracias a pequeñas y grandes aportaciones, a los amigos y socios de África Digna que la apoyan permanentemente, a la Fundación Barraquer que traslada equipo, conocimientos y una enorme capacidad de trabajo, a Áreas que contribuye específicamente, al patronato y a la presidenta Mercedes Barceló que lideran con ilusión la Fundación África Digna,… cada decisión previa nos ha traído a Nyeri para coincidir con Noomunken.

Ahora multiplicad todo esto por 300 por cada persona que se beneficiará este año, después por un número indeterminado de familiares y comunidades que recuperarán en cierta medida las capacidades de las personas intervenidas. Y finalmente volved a multiplicar por 5 años que está previsto que dure este programa. El número final no es más importante que cada una de las pequeñas historias, que cada una de las pequeñas contribuciones que lo han hecho posible.

Noomunken os da las gracias a todos! Ache oleng!

 

 

 

Al otro lado de la barrera, con el equipo Barraquer

el . Publicado en Blog Mercedes Barceló

barraquer

El equipo Barraquer liderado por la Dra. Elena Barraquer, una vez al año, opera en Kenia con África Digna.  En esta ocasión, cuando Elena me dijo si quería acompañarla al Níger y ayudarla, no lo dudé ni un momento.

Aterrizamos en Níger, a 47ºC, seis personas llenas de ilusión: Elena, Mevi -su instrumentista-, Nacho-el anestesista-, Idoia –oftalmóloga-,  Mar y yo que actuaríamos de enfermeras de campo. En el aeropuerto de Niamey nos esperaba Eva Chadwick, de la Asociación Wodaabe, que fueron nuestros anfitriones.

Nada más llegar tuvimos una reunión con La Organización Contra La Ceguera de Níger; tras la misma fuimos al hospital para montarlo todo y así poder empezar al día siguiente a primera hora. El largo vuelo, el madrugón que nos habíamos pegado y los 47ºC de temperatura acabaron con nosotros. A las 9 de la noche estábamos agotados por lo que tras una cena rápida nos fuimos a dormir. Elena ya nos advirtió que a las 6.30 tocaría diana para empezar a operar a las 7.45.

En efecto, al día siguiente a las 8,00 entraba el primer paciente en quirófano. Ese día, el último paciente salía a las 10,30 de la noche. Solo paramos una hora para comer. Ese es el ritmo del Equipo Barraquer en África.

Qué diferentes se ven las cosas cuando eres la organización anfitriona y tu trabajo consiste en resolver todos los problemas que van surgiendo durante la expedición o cuando formas parte del equipo. En Níger estuve dentro del “meollo”. Mevi nos iba indicando a Mar y a mí, con infinita paciencia, todo lo que debíamos hacer y mi compañera y yo obedientes y con gran concentración intentábamos hacerlo lo mejor posible. El primer día nos sonaba todo a chino pero al tercer día éramos todas unas expertas. En África como yo digo hay que servir “pa un barrio y pa un fregao” y eso es lo que hacíamos Mar y yo. Por ejemplo cuando a Elena se le obstruía el suero en medio de una intervención, cosa que la alteraba y con razón; yo, por ser las más alta,  me montaba sobre un taburete e imitando a la estatua de la libertad, aguantaba la botella para que el suero bajara; o cuando se nos fue la luz, también en medio de una intervención, conseguimos que Elena finalizara con la luz de los teléfonos móviles, ¡benditos aparatos!

La organización, la profesionalidad, la humanidad y la eficiencia de este gran equipo cada día me sorprenden más. Por otro lado “Las Chicas Wodaabe” -Susana, Titon, Lali y Eva- consiguieron que todo funcionara a la perfección y que nos sintiéramos muy cuidados.

Se operaron 175 cataratas. Para esas personas la vida ha cambiado radicalmente. Las cataratas de África, según comenta Elena, no se ven en Barcelona. Son totalmente opacas por lo que la mayoría de los pacientes con catarata doble son ciegos.

Gracias Equipo Barraquer por dejarme formar parte de vosotros y experimentar la misión desde “el otro lado de la barrera”.

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