Al otro lado de la barrera, con el equipo Barraquer

El equipo Barraquer liderado por la Dra. Elena Barraquer, una vez al año, opera en Kenia con África Digna. En esta ocasión, cuando Elena me dijo si quería acompañarla al Níger y ayudarla, no lo dudé ni un momento.
Aterrizamos en Níger, a 47ºC, seis personas llenas de ilusión: Elena, Mevi -su instrumentista-, Nacho-el anestesista-, Idoia –oftalmóloga-, Mar y yo que actuaríamos de enfermeras de campo. En el aeropuerto de Niamey nos esperaba Eva Chadwick, de la Asociación Wodaabe, que fueron nuestros anfitriones.
Nada más llegar tuvimos una reunión con La Organización Contra La Ceguera de Níger; tras la misma fuimos al hospital para montarlo todo y así poder empezar al día siguiente a primera hora. El largo vuelo, el madrugón que nos habíamos pegado y los 47ºC de temperatura acabaron con nosotros. A las 9 de la noche estábamos agotados por lo que tras una cena rápida nos fuimos a dormir. Elena ya nos advirtió que a las 6.30 tocaría diana para empezar a operar a las 7.45.
En efecto, al día siguiente a las 8,00 entraba el primer paciente en quirófano. Ese día, el último paciente salía a las 10,30 de la noche. Solo paramos una hora para comer. Ese es el ritmo del Equipo Barraquer en África.
Qué diferentes se ven las cosas cuando eres la organización anfitriona y tu trabajo consiste en resolver todos los problemas que van surgiendo durante la expedición o cuando formas parte del equipo. En Níger estuve dentro del “meollo”. Mevi nos iba indicando a Mar y a mí, con infinita paciencia, todo lo que debíamos hacer y mi compañera y yo obedientes y con gran concentración intentábamos hacerlo lo mejor posible. El primer día nos sonaba todo a chino pero al tercer día éramos todas unas expertas. En África como yo digo hay que servir “pa un barrio y pa un fregao” y eso es lo que hacíamos Mar y yo. Por ejemplo cuando a Elena se le obstruía el suero en medio de una intervención, cosa que la alteraba y con razón; yo, por ser las más alta, me montaba sobre un taburete e imitando a la estatua de la libertad, aguantaba la botella para que el suero bajara; o cuando se nos fue la luz, también en medio de una intervención, conseguimos que Elena finalizara con la luz de los teléfonos móviles, ¡benditos aparatos!
La organización, la profesionalidad, la humanidad y la eficiencia de este gran equipo cada día me sorprenden más. Por otro lado “Las Chicas Wodaabe” -Susana, Titon, Lali y Eva- consiguieron que todo funcionara a la perfección y que nos sintiéramos muy cuidados.
Se operaron 175 cataratas. Para esas personas la vida ha cambiado radicalmente. Las cataratas de África, según comenta Elena, no se ven en Barcelona. Son totalmente opacas por lo que la mayoría de los pacientes con catarata doble son ciegos.
Gracias Equipo Barraquer por dejarme formar parte de vosotros y experimentar la misión desde “el otro lado de la barrera”.







